La construcción humana más cercana es la casa de Gargamel, el enemigo más importante de los suspirillos azules. Está siempre tratando de cazar pitufos porque los necesita como ingredientes para sus pociones mágicas.
Su único e inseparable amigo es su gato Azrael, que le ayuda encantado en su persecución. Afortunadamente, el brujo es mucho más tonto de lo que cree -y mucho menos inteligente que Papá Pitufo, por descontado-, así que nunca es capaz de recordar cuál es que camino que lleva a la aldea. Sin embargo, no olvida nunca la existencia de esos pequeños seres que está decidio a someter.
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